lunes, 29 de agosto de 2016

Casandra, Daniel J. Devoto





A María Rosa Lida


…Lo que importa es gritar, no el ser oído,
sino crecer bajo el propio canto
como una rama entre las piedras. Muro
de cantos, canto
más que de piedra, de raíz mordida.
¿Quién puede preferir estar callado
en inmovilidad, estanque ciego
perdiendo poco a poco su condición celeste
a poblarse de ecos bruscamente,
a edificar su catedral de voces
para sí mismo y para el dios contrario?
                                       Lo que importa
es sentirse subir,
crecer, crecerse,
llenar todo el espacio con un grito
y quedarse detrás, inalcanzable.
Ya no puede morir la que ha fijado
su dura perdición. Ya nada puede
el tiempo, ni los hombres: ya ha forjado
Casandra un dios más fuerte que la aurora.



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