viernes, 17 de junio de 2016

Soneto de amor XXVI




Señor del amor mío, cuyo mérito
obliga mi homenaje de vasallo,
te envío esta embajada manuscrita,
mi devoción probando y no mi ingenio.

Grande es mi devoción: mi pobre espíritu
la muestra sin ropaje de vocablos
y espera, aunque desnuda, que en tu alma
le dé tu comprensión sucil albergue;

hasta que el astro que mi andanza guía
me señale con brillo favorable,
y al ornar mis andrajos amorosos

haga que yo merezca que me mires.
Así podré exhibir mi amor ufano,
pero hasta entonces rehuiré la prueba.




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