martes, 24 de noviembre de 2015

Mediodía





El remero, angel de madera, impulsa con sus alas
-Afrodita, sus avestruces, sus diamantes-,
desde la amplia calma a bordo de una ola constante,
un carruaje esmeralda de corceles espumosos
 
He aquí los restos: bidones, anclas, vigas
mástiles, medusas, miradas de ahogados en las vitrinas
del bulevar de las ciudades submarinas
Y el mar se retira succionando entre burbujas
 
Rapidamente me quito mi camisa, mi sombrero,
me tiendo, naúfrago desnudo en esta orilla,
obligando a mostrarse bajo el calor salvaje
al atezado indio Sioux capturado en mi piel
 



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