martes, 18 de agosto de 2015

Soneto de amor LXXI




Cuando haya muerto, llórame tan sólo
mientras escuches la campana triste,
anunciadora al mundo de mi fuga
del mundo vil hacia el gusano infame.


Y no evoques, si lees esta rima,
la mano que la escribe, pues te quiero
tanto que hasta tu olvido prefiriera
a saber que te amarga mi memoria.


Pero si acaso miras estos versos
cuando del barro nada me separe,
ni siquiera mi pobre nombre digas


y que tu amor conmigo se marchite,
para que el sabio en tu llorar no indague
y se burle de ti por el ausente.




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