Huye del triste amor, amor pacato...
Huye del triste
amor, amor pacato,
sin peligro, sin venda ni aventura,
que espera
del amor prenda segura,
porque en amor locura es lo sensato.
Ese que el pecho
esquiva al niño ciego
y blasfemó del fuego de la vida,
de una
brasa pensada, y no encendida,
quiere ceniza que le guarde el fuego.
Y ceniza
hallará, no de su llama,
cuando descubra el torpe desvarío
que
pedía, sin flor, fruto en la rama.
Con negra llave
el aposento frío
de su tiempo abrirá. ¡Despierta cama,
y turbio
espejo y corazón vacío!
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