¿En qué
se basan las recíprocas inclinaciones? Hay unos celos más conmovedores que
otros. Me paseo con gusto entre esa oscuridad que supone la rivalidad de una
mujer y un libro. El dedo en la sien no es el cañón de un revólver. Creo que
nos oíamos pensar, pero el maquinal «En nada», que es la más audaz de
nuestras negativas, no lo pronunciamos en todo el viaje de bodas. No hay
nada que mirar fijamente menos alto que los astros. En cualquier tren es
peligroso asomarse a la ventanilla. Las estaciones estaban claramente
repartidas sobre un golfo. El mar, que para la mirada humana no es nunca tan
bello como el cielo, no nos abandonaba. En el fondo de nuestros ojos se
perdían bonitos cálculos orientados hacia el porvenir, como los de los muros
de las prisiones.

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