jueves, 11 de noviembre de 2010

sueñe sin miedo, amigo





Poco le quedaría al corazón si le quitáramos su pobre

noche manual en la que juega a tener casa,

comida, agua caliente,

y cine los domingos.

Hay que dejarle la huertita donde cultiva

sus legumbres;

ya le quitamos los ángeles, esas pinturas doradas,

y la mayoría de los libros que le gustaron,

y la satisfacción de las creencias.

Le cortamos el pelo del llanto,

las uñas del banquete, las pestañas del sueño,

lo hicimos duro, bien criollo,

y no lo comerá ni el gato

ni vendrán a buscarlo entre oraciones

las señoritas de la Acción Católica.

Así es nomás: sus duelos

no se despiden por tarjeta,

lo hicimos a imagen de su día y él lo sabe.

Todo está bien, pero dejarle un poco

de eso que sobra cuando nos atamos

los zapatos lustrados de cada día;

una placita con estrellas, lápices de colores,

y ese gusto en bajarse a contemplar un sapo

o un pastito

por nada, por el gusto,

a la hora exacta en que Hiroshima

o el gobierno de Bonn o la ofensiva

Viet Mihn Viet Nam.

si he de vivir






Si he de vivir sin ti, que sea duro y cruento,

la sopa fría, los zapatos rotos,

o que en mitad de la opulencia

se alce la rama seca de la tos, ladrándome

tu nombre deformado, las vocales de espuma,

y en los dedos

se me peguen las sábanas, y nada me dé paz.

No aprenderé por eso a quererte mejor,

pero desalojado de la felicidad

sabré cuánta me dabas con solamente

a veces estar cerca.

Esto creo entenderlo, pero me engaño:

hará falta la escarcha del dintel

para que el guarecido en el portal comprenda

la luz del comedor, los manteles de leche, y el aroma

del pan que pasa su morena mano por la hendija.

Tan lejos ya de ti

como un ojo del otro,

de esta asumida adversidad

nacerá la mirada que por fin te merezca.



resumen en otoño






En la bóveda de la tarde cada pájaro es un punto del

/recuerdo.

Asombra a veces que el fervor del tiempo

vuelva, sin cuerpo vuelva, ya sin motivo vuelva;

que la belleza, tan breve en su violento amor

nos guarde un eco en el descenso de la noche.

Y así, qué más que estarse con los brazos caídos,

el corazón amontonado y un sabor de polvo

que fue rosa o camino.

El vuelo excede el ala.

Sin humildad, saber que esto que resta

fue ganado a la sombra por obra de silencio;

que la rama en la mano, que la lágrima oscura

son heredad, el hombre con su historia,

la lámpara que alumbra.



policromías






Es increíble pensar que hace doce años

cumplí cincuenta, nada menos.

¿Cómo podía ser tan viejo

hace doce años?

Ya pronto serán trece desde el día

en que cumplí cincuenta. No parece

posible.

El cielo es más y más azul,

y vos más y más linda.

¿No son acaso pruebas

de que algo anda estropeado en los relojes?

El tabaco y el whisky se pasean

por mi cuarto, les gusta

estar conmigo. Sin embargo

es increíble pensar que hace doce años

cumplí dos veces veinticinco.

Cuando tu mano viaja por mi pelo

sé que busca las canas, vagamente

asombrada. Hay diez o doce,

tendrás un premio si las encontrás.


Voy a empezar a leer todos los clásicos

que me perdí de viejo. Hay que apurarse,

esto no te lo dan de arriba, falta poco

para cumplir trece años desde

que cumplí los cincuenta.

A los catorce pienso

que voy a tener miedo,

catorce es una cifra

que no me gusta nada

para decirte la verdad.



pectoral segundo





(En otro tiempo acaso,

acaso en otra zona,

o aquí esta noche

pero abajo o adentro

o en una sola —la que sueña

boca abajo en la alfombra

mientras la miran y se ríen

porque los dedos de sus pies

exploran lentamente el rojo, el verde)

¿Pero es un sueño, esto?

Un pectoral de esmalte azul profundo

entre los senos de la virgen

que desnudan al pie de los peldaños

sólo dejándole el temblor del pelo

y la joya que en la respiración intenta

el vuelo inmóvil del espanto.

Torpe comedia de novela erótica,

el altar, la oficiante de caderas estrechas,

las esclavas vestidas de leopardo

izando a la doncella que suplica,


el minucioso empalamiento,

la lenta retirada del falo de amatista

que vierte sobre el mármol una estrella

de instantáneos tentáculos—

—Mirála, goza durmiendo, le hizo

mil el White Horse, no debería.

—¿Vos creés que su marido?

—Por favor, si se duerme para escaparse, el pobre

nunca la vio tan bella y entregada.

(—Tapála un poco,

no la dejes tan desnuda soñando.

—Mojigata.

—Besémosla, le duele estar tan sola

vaya a saber en qué aventura.

Se le acercan goteando, murmurando, mirándose

rozándose

resbalan líquidas traviesas tapándose la boca

dejan sillones huecos vasos cigarrillos

se le acercan los rayos de la estrella se cierran

y la durmiente gime

(Un pectoral de esmalte azul profundo

(Sólo dejándole el temblor del pelo

Izando a la doncella que suplica


noticias para viajeros





Si todo es corazón y rienda suelta

y en las caras hay luz de mediodía,

Si en una selva de armas juegan niños

y cada calle le ganó la vida,

No estás en Asunción ni en Buenos Aires,

No te has equivocado de aeropuerto

No se llama Santiago el fin de etapa

Su nombre es otro que Montevideo.

Viento de libertad fue tu piloto

Y brújula de pueblo te dio el norte,

cuántas manos tendidas esperándote,

cuántas mujeres, cuántos niños y hombres

Al fin alzando juntos el futuro,

Al fin transfigurados en sí mismos,

mientras la larga noche de la infamia

se pierde en el desprecio del olvido

La viste desde el aire, ésta es Managua

de pie entre ruinas, bella en sus baldíos,

pobre como las armas combatientes

rica como la sangre de sus hijos


Ya ves, viajero, está su puerta abierta,

todo el país es una inmensa casa.

No, no te equivocaste de aeropuerto:

Entra nomás, estás en Nicaragua



ley del poema





Amargo precio del poema,

las nueve sílabas del verso;

una de más o una de menos

lo alzan al aire o lo condenan.

Somos el ajedrez de un río,

el naipe siempre entre dos lumbres;

caen las caras y las cruces

a cada curva del camino.

Cae en el verso la palabra,

en el recuerdo llueve el llanto,

cae la noche, cae el pájaro,

todo es caída amortiguada.

¡Oh libertad de no ser libre,

golpe de dados que desata

la sigilosa telaraña

de encrucijadas y deslindes!


Como tu boca a la manzana,

como mis manos a tus senos,

irá la mariposa al fuego

para danzar su última danza.



le dome





A la sospecha de imperfección universal contribuye

este recuerdo que me legas, una cara entre espejos

y platillos sucios.

A la certidumbre de que el sol está envenenado,

de que en cada grano de trigo se agita el arma

de la ruina, aboga la torpeza de nuestra última hora

que debió transcurrir en claro, en un silencio

donde lo que quedaba por decir se dijera sin menguas.

Pero no fue así, y nos separamos

verdaderamente como lo merecíamos,

en un café mugriento,

rodeados de larvas y colillas,

mezclando pobres besos con la resaca de la noche.



la hiedra




Mar de oídos atentos, ¿qué te dice la piedra?

Yaces sobre las tumbas, colectora de nombres,

trémula cuando el viento vesperal te despierta

para indagar tus manos y quitarles las voces

que minuciosa juntas, sigilosa de tiempo,

guardiana de los diálogos y los turbios adioses.

Sobre las tumbas ve tu solitario sueño,

oh madre de las lenguas, oh estremecida hiedra

donde se va juntando la noche de los muertos.

En vano te reclaman los juegos de la lluvia;

las fuentes de la luz y las diurnas estatuas

te han esperado tanto para darse desnudas,

mientras tú, recogida, habitas en las lápidas.



la camarada





Claro que sos mi camarada

porque sos más, sos siempre más.

Hay la ruta en común, el horizonte

dibujado con lápiz de esperanza,

hay la amargura del fracaso

a la hora en que los hornos no se encienden

y hay que pelear de nuevo el carbón del mañana.

Claro que sos mi camarada

porque sos la que dice no, te equivocaste,

o dice sí, está bien, vayamos.

Y porque en vos se siente que esa palabra

es una lenta, feliz, necesaria palabra:

hay cama en camarada,

y en camarada hay rada,

tu perfume en mis brazos,

tu barca anclada al lado de la mía.

inflación que mentira






Los espejos son gratis

pero qué caro mirarse de verdad, y cómo verse

que no sea saludo a precio fijo

postal con la vista de la torre

inclinada.

Los perros rabiosos son gratis

por esas cosas nunca paga nada

en cambio este felipe esta tacita

de tapioca o el capuchino del amanecer

ticket seguro cero ochenta y el servicio

quizá lo encuentre comprendido quizá no.

El sol es gratis y esta goma de lápiz

cero cincuenta pague para destruir! Los gatos

son gratis. La viruela boba

los accidentes el humito

que da prestigio a la locomotora de los maniseros.

Los eclipses son gratis tan bonitos y los discursos

en la Plaza de Mayo. Una nación

que lo hace todo por sus hijos. Lea

la guía con el plano: dos cuarenta.


El amor es gratis paga al final o bien

le pagan (depende de la suerte o la corbata).

Precios variables: Lin Yu Tang Boca Júniors

usted lo ve lo prueba y se lo lleva.

La muerte es gratis. Una dos y tres

una cucharada para papá

y otra para mamá así lindo el nene.



ganancias y perdidas





Vuelvo a mentir con gracia,

me inclino respetuoso ante el espejo

que refleja mi cuello y mi corbata.

Creo que soy ese señor que sale

todos los días a las nueve.

Los dioses están muertos uno a uno en largas filas

de papel y cartón.

No extraño nada, ni siquiera a ti

te extraño. Siento un hueco, pero es fácil

un tambor: piel a los dos lados.

A veces vuelves en la tarde, cuando leo

cosas que tranquilizan: boletines,

el dólar y la libra, los debates

de Naciones Unidas. Me parece

que tu mano me peina. ¡No te extraño!

Sólo cosas menudas de repente me faltan

y quisiera buscarlas: el contento,

y la sonrisa, ese animalito furtivo

que ya no vive entre mis labios.



fauna y flora del rio





Este río sale del cielo y se acomoda para durar,

estira las sábanas hasta el pescuezo, y duerme

delante de nosotros que vamos y venimos.

El río de la plata es esto que de día

nos empapa de viento y gelatina, y es

la renuncia al levante, porque el mundo

acaba con los farolitos de la costanera.

Más acá no discutas, lee estas cosas

preferentemente en el café, cielito de monedas,

refugiado del fuera, del otro día hábil,

rondado por los sueños, por la baba del río.

Casi no queda nada; sí, el amor vergonzoso

entrando en los buzones para llorar, o andando

solo por las esquinas (pero lo ven igual

guardando sus objetos dulces, sus fotos y leontinas

y pañuelitos

guardándolos en la región de la vergüenza,

la zona de bolsillo donde una pequeña noche murmura

entre pelusas y monedas.


Para algunos todo es igual, mas yo

no quiero a Rácing, no me gusta

la aspirina, resiento

la vuelta de los días, me deshago en esperas,

puteo algunas veces, y me dicen qué le pasa amigo,

viento norte, carajo.



estatua de maillol



La luz la elude y juega en torno

sus finas sombras matinales,

resbala sin tocar y evade

la luz más pura de este torso.

Un seno, un vientre, una rodilla,

remansos donde busca el aire

su clara réplica, el pasaje

de toda estatua hacia sí misma.



enter al recitante




Un río que en sí mismo desemboca,

la noche circular.

Un terciopelo de palabras

para decir ese danzar curvado

voces

pestañas

muslos

las amigas

la noche

sus juegos su concilio

el tabaco el coñac

Esto aquí, el exorcismo

Esto, tierna traición.

La noche circular,

un río que en sí mismo desemboca.


Aquí los juegos,

simulacro y liturgia,

todo siendo y no siendo.

Topología: aquí.

Cronología: ahora.

Tipología: esta manera

de mirarlas.

Sus juegos sus muñecas sus anillos

sus besos sus poliédricos cristales

sus dientes sus espaldas sus olores

su inanidad y sus letales voces

Buenos Aires París

Barcelona La Habana



encantacion





No más que por la sombra y el perfume

que son tu nombre, por el desencanto

no más de toda cosa en ti, por tanto

que cinerariamente te resume,

volvería como Usher o Ulalume

vuelven por los espejos del espanto

a proponer el turbio trueque, el canto

que encarnara el horror que nos consume.

Pero si pienso, lamia, en lo que puede

la mera niebla de tu inexistencia

no más que en tu perfume y en tu sombra,

mi voluntad a su fantasma cede

y prefiere anegarse en tanta ausencia

donde una nada a esa otra nada nombra.



el simulacro





Cada vez que te encuentro en el recuerdo

y canta en plena noche el gallo grana,

una sed de combate y de campana

me lanza al sacrificio en que te pierdo.

Quién sabe dónde estás, ya ni me acuerdo

si eran tus ojos de oro o de avellana,

pero mi sangre es esa luz que mana

y en la dulce manzana otra vez muerdo.

¡Oh balbuceo en la tiniebla, duelo

de musgo y de leopardo y de gemido,

desesperada imitación de cielo!

Luego es ceniza y sórdida alborada,

el derrotado sueño, el pozo herido

de una sola cabeza en una almohada.



el niño bueno




No sabré desatarme los zapatos

y dejar que la ciudad me muerda los pies

no me emborracharé bajo los puentes,

no cometeré faltas de estilo.

Acepto este destino de camisas planchadas,

llego a tiempo a los cines,

cedo mi asiento a las señoras.

El largo desarreglo de los sentidos me va mal.

Opto por el dentífrico y las toallas. Me vacuno.

Mira qué pobre amante,

incapaz de meterse en una fuente

para traerte un pescadito rojo

bajo la rabia de gendarmes y niñeras.



doble invencion





Cuando la rosa que nos mueve

cifre los términos del viaje,

cuando en el tiempo del paisaje

se borre la palabra nieve,

habrá un amor que al fin nos lleve

hasta la barca de pasaje,

y en esta mano sin mensaje

despertará tu signo leve.

Creo que soy porque te invento,

alquimia de águila en el viento

desde la arena y las penumbras,

y tú en esa vigilia alientas

la sombra con la que me alumbras

y el murmurar con que me inventas.



un canto italiano



El presente como un cuarto de estucos y tapices, con

/muros

falsamente profundos para ojos que consienten.

La puerta, ahí, y también una ventana.

¿Cuál devuelve al pasado, cuál contiene el futuro?

Esta columna socavada sabe más

pero no cede su lenguaje de ceniza

como si para abrirse paso en la moldura cruel

nos fueran necesarias otras manos que estas pobres

sostenedoras de manzanas y cuchillos.

¡Identidad, reunión! ¡Oh exilio hermoso!

Es dulce este divorcio que nos quema despacio

y luchar con el tiempo sigue siendo

la luz en cada hoguera, la gracia en cada paso.

Barca al mar, ¡oh naranja colgando del azul,

brillo de peces contra lo profundo!

Veo en la ola un signo sin objeto, crece

como la muerte en cada fruta, ¡estruendo

de aire en pedazos! Quémate, cigarra,

nada transcurre mientras cantas, mientras


el día suspendido de tus élitros

sea una baya dulce de guitarras.

Doy nombre a cosas claras: este trozo

de pensar es Italia. ¿Qué presente

menos manchado de pared, menos opaco?

Esponja meridiana, calabaza sonora,

y en el continuo de las rutas, entre laureles rosa

y piedras

este poroso ser, este instante que dura.

Entonces, que el desgarro del amor desahuciado,

la sandalia quemada por el viento, la noche

con todas sus estrellas pesando en las espaldas,

sean reunión. El grillo asoma,

se quiebra un mimbre. ¿Y esto fue, será,

o solamente está ocurriendo? Mira,

bebe de cada fuente. En ti beben los muertos

y la sed del futuro. No te olvides

sin que un nuevo verano de gavillas

te dé el derecho de olvidar. Ni añores

los viejos años. Ellos duermen

en tu vigilia, y se despertarán como ese grillo

en la penumbra de tu sueño.

El aposento con estucos y tapices

cede al ser que lo habita, como cede la jaula

si su pájaro canta.



cantos italianos




LA HIJA DEL ROC

Atada por una condición de cielo

quiero volar, quiero perder estas sandalias;

hasta mi voz es burla de ala,

Hasta mi amor es un volcán de plumas.

Hija del Roc, magnífica farsa

que en un lecho de tierra gime y sueña

mientras las nubes trepan

y los vientos corroen los metales.

—Padre, pájaro nubio, enorme crueldad,

oh tu sombra infinita que copian mis cabellos,

esta carrera inmóvil de mi cuerpo temblando!

En un palacio de cortinas negras,

En una barca de remeros sordos,

buscando desatarme


me enlazo a mis esclavos, a las vírgenes,

desangro adolescentes y corderos.

Y tú vuelas, posándote en las nubes,

centro perpetuo del espacio.

Ah, encontrar a mi madre

y arrancarle los ojos.



cantos argentinos





I

Tiempo hueco barato

parte donde guitarras blandas

se enredan en las piernas

y mujeres sin rostro

sin senos ni pestañas

con el vientre de piedra

lloran en los caminos.

Ah giro de los vientos

sin pájaros sin hojas

los perros boca arriba

olfatean en vano

un material desnudo

de fragancia y contento

un aire sin perdices

sin tiempo sin amigos

una vida sin patria

un silencio de látigo

que ni siquiera azota


II

El río baja por las costas

con su alternada indiferencia

y la ciudad lo considera

como una perra perezosa.

Ni amor, ni espera, ni el combate

del narrador contra la nada.

Con languidez de cortesana

mira a su río Buenos Aires.

El tiempo es ese gris compadre

pintando allí sin hacer nada.

bruma


Buscar lo remoto con férvidas ansias

Y en limbos extraños hundir obstinado el deseo.

Que el ritmo, lo Impar de Verlaine nos conduzca

Y acordes oscuros de queda armonía

Marquen nuestros pasos sobre el gris sendero.

Debussy... maestro... quiero sinfonías

Que esbocen con notas pinturas de nieve y acero:

Baudelaire... te pido me des una pluma

Que en noche de insomnio

Hayas estrujado contra tu cerebro.

Manet, por los bordes de tus concepciones

Vagaré anhelante de encontrar lo Bello

Que me niegan todos

Los que no han tenido como tú el llamado

Del aire, del ritmo, del amor y el cielo.

A aquellos que ansiosos de altura

Con honda ternura se aferran al Arte dilecto.

Quiero incorporarme: desdeñar los claros,

Firmes horizontes del actual camino

Que hallaron mil veces los genios. Prefiero

Con gesto absoluto y un rictus de firme osadía

En limbos extraños hundir obstinado el deseo.

Buscar lo remoto con férvidas ansias...

Yo que sé que es difícil, vago e hipotético.

Pero no abandono ni a Verlaine ni a Byron,

Porque... ¿quién lo sabe?

Acaso de pronto, nítido y brillante

Del fondo impreciso de mis horizontes

Brote el gran misterio...!