lunes, 24 de agosto de 2009

Interpretation, Obviousness and Metamorphoses

Is the basic perception a form of interpretation?


My visit to MIT’s research center on cognition (1986): playing with cards...


« On the Perception of Incongruity: A Paradigm », Jerome S. Bruner and Leo Postman (1949), Harvard University


Black: spades, clubs

Red: hearts, diamonds















Are there obvious meanings in objects? .Can knowledge be « locked in », contained, in the very structure, shape or appearance of the object? .Or are meaning and practical uses of objects always oriented by subjective, situated and cultural interpretive modes? .Thought can try to mould the structural characteristics of objects to « memorize » some knowledge – i. e. to make thought repeatable e.g. ...

But the actual practical effects are culturally and physically situated, obviousness can be less obvious than expected and can become a dangerous concept, from a practical point of view.

Relevance for organization studies: to speak of « explicit knowledge », there is some necessary assumption about obviousness - explicit knowledge is knowledge intrinsically locked in objects.


































Is obviousness obvious? Do objects tell users « objectively » all that we usually believe they tell?








Metamorphoses

Story of a screw-driver



What makes a screwdriver a screwdriver rather than...

How far is the identity of screwdriver related with the human body? What drives the metamorphoses of objects?. Many projects of KM were based upon tacit or explicit assumptions:

Which means that sophisticated objects can adquire some form of obviousness, And that they can abolish the situatedness of interpretation (interpretation is de-contextualized). To achieve these objectives, it is necessary to model situations: To imagine all the possible situations, To map them on a theoretical model, To transform them into scenarios or search trajectories – queries and procedures - in the information system, In other words, to model objects – the characteristic features of situations - into a new « repository » object – the KM system

In many cases this attempt failed because of the huge cost and time required by this « translation » activity, which must be repeated more or less permanently (new situations permanently appear).




Five comments about Cortazar’s text


What makes a watch a watch?

What makes a newspaper a newspaper or a pile of printed sheets?

A reader reads it.

What makes a watch a watch?

The owner winds it and reads it.

What makes the object a certain type of instrument?

The user’s activity?

The definition of the object must be maintained over time:

You must wind the watch every day, to make it a watch,

You must read the paper every day, to make it a daily paper.




The instrument transforms the user


The watch transforms:

The physical activity (winding, fastening)

The cognitive activity (checking the right time on radio, ensuring,etc...)

The emotions (fear, pride, envy...)

All those impacts are related with the objective of « keeping the watch

a watch » - and of keeping the watch-owner a watch-owner.




What is yours and not your body?


Is there a clear separation or a kind of continuity between « yours »

and « non-yours », « body » and « non-body »?

The watch is « yours », but it is « not your body », you have to

« strap it to your body ». Like a prothesis?

The watch is « not your body », but it is so much yours that it upsets

the way of living, as a... disease?

Continuum between « me » and « non-me »?




The corporal definition of an object


In the user’s guide of the staircase, there are structural elements of definition (geometric indications: « the floor bends in such a way that... a new perpendicular... ») and functional elements (« translating one from the ground floor to the first floor »). But 80% of the text is made of not-structural, not-functional, but corporal definition, based upon the body reading the object (« placing the left hand... the right hand... the face on, holding oneself upright...

arms hanging... »). The text can appear as a procedure to define or discover a staircase through non-discursive, non-cognitive but corporal means; the object is enacted through body movements, postures, gestures... But nevertheless this definition is... a written text!




The construction of reflexivity


The « staircase » text presents itself as the explanation of a staircase to a reader who does not know what a staircase is, But the text only makes sense precisely because the reader knows –

or thinks he knows – what a staircase is, and can be surprised, amused, annoyed by the extraordinary assumption that he does not know, So that all the interest and the meaning of the text lies in this gap between what the reader is supposed to ignore and what he really knows, and the emotions and cognitions so triggered in the reader, not about the staircase, but about him/her/self, The text attempts to « deconstruct » the reader’s knowledge.





lunes, 17 de agosto de 2009

Tu puedes por Slavoj Zizek






Las ‘chicas con reglamentos’ son mujeres heterosexuales que imponen reglas precisas para dejarse seducir (por ejemplo, las citas deben ser arregladas al menos con tres días de anticipación, etc.) Aunque las reglas corresponden a las costumbres que solían regular el comportamiento de las mujeres de antes que eran activamente perseguidas por los hombres a la manera tradicional, el fenómeno de las chicas con reglamento no presupone un regreso a los valores conservadores: ahora las mujeres eligen sus propios reglamentos libremente—una instancia de la ‘reflexivización’ de las costumbres cotidianas de la actual sociedad ‘sin riesgos’. Con respecto a la teoría de la ‘sociedad de riesgo’ de Anthony Giddens, Ulrich Beck y otros, ya no pasamos nuestras vidas en conformidad a la Naturaleza ni a la Tradición; no hay un orden simbólico o código de ficciones aceptado (lo que Lacan llama el Gran Otro) para guiarnos en nuestro comportamiento social. Todos nuestros impulsos, desde la orientación sexual hasta la identificación étnica, son percibidos como cosas que elegimos. Cosas que antes parecían obvias—cómo alimentar y educar a un niño, cómo proceder en la seducción sexual, cómo comer y lo que se come, cómo descansar y divertirse—han sido ‘colonizadas’ por la reflexividad y son experimentadas como algo que podemos aprender y sobre las que decidimos. La retirada del aceptado Gran Otro ocurre porque en la cultura popular prevalece la "ruptura de códigos". Un ejemplo de esto son las tentativas pseudo-científicas del pensamiento de la New Age al usar ordenadores y tecnología para violar algunos códigos secretos—por ejemplo, los de la Biblia o los de las pirámides—los cuales podrían revelar el futuro de la humanidad. Otro ejemplo es la escena repetida en las películas cyberespaciales en las cuales el héroe (o la heroína) sentado frente a un ordenador trabajando frenéticamente contrarreloj encuentra su acceso negado hasta que él o ella rompe el código y descubre que una agencia de gobierno está conspirando contra la libertad y la democracia. Creer que hay un código que debe ser roto es, por supuesto, más o menos creer en la existencia de un tal Gran Otro: en todos los casos, lo que se desea es encontrar un agente que dé estructura a nuestras caóticas vidas sociales.


Aún el racismo es ahora reflexivo. Considere los países balcánicos. Los medios informativos liberales de Occidente representan a los balcánicos como un vórtice de pasión étnica—un sueño multiculturalista que se torna una pesadilla. La reacción típica de un esloveno (lo soy yo mismo) es decir: "Sí, es así en los Balcanes, pero Eslovenia no es una parte de los Balcanes, es una parte de la Europa Central; los Balcanes se originan en Croacia o en Bosnia; nosotros los eslovenos somos el último baluarte de la civilización Europea en contra del desatino de los Balcánicos." Si se preguntan: ‘¿Dónde empieza la región de los Balcanes?’ Siempre se dice que la región empieza allá abajo, hacia el sureste. Para los serbios, la región de los Balcanes se origina en Kosovo o en Bosnia donde Serbia esta tratando de defender la civilización de Europa cristiana frente al avance del Otro. Tocante a los croatas, los Balcanes empiezan en la bizantina Serbia, tierra ortodoxa y despótica, contra la cual Croacia preserva los valores democráticos del oeste. Muchos italianos y austríacos creen que los Balcanes se originan en Eslovenia, la avanzada occidental de la muchedumbre eslava. Muchos alemanes ven a Austria como contaminada con la corrupción e ineficiencia balcana; para muchos del norte de Alemania, la católica Bavaria no está libre de la contaminación balcana. Muchos franceses arrogantes asocian a Alemania con la brutalidad de los balcanos del este, les falta la finura francesa. Finalmente, para esos británicos opuestos a la Unión Europea el continente europeo es una nueva versión del Imperio turco, con Bruselas como la nueva Estanbul—un déspota voraz que amenaza la libertad y la autonomía británicas. Se trata de una cartografía imaginaria, que proyecta en el paisaje verdadero sus propios oscuros antagonismos ideológicos, del mismo modo que los síntomas de conversión del sujeto histérico, como lo describió Freud, proyectan en el cuerpo físico el mapa de otra anatomía imaginaria. En gran parte, esta proyección es racista. Primero, está el arcaico rechazo desvergonzado del Otro balcano (despótico, bárbaro, ortodoxo, musulmán, corrupto, oriental) en favor de valores verdaderos (occidentales, civilizados, democráticos, cristianos.) Sin embargo, hay también un racismo ‘reflexivo,’ políticamente correcto: la percepción muliticulturalista liberal, de la región balcana como un sitio de horrores étnicos y de intolerancia, de pasiones irracionales, primitivas y tribales, que se muestra contrario a razonar la resolución de conflictos en la era posterior al Estado-nación, por medio de la negociación y el compromiso. El racismo es un mal del Otro balcano, mientras que nosotros en la parte Este somos observadores, neutros, benevolentes, y apropiadamente desilusionados. Finalmente, hay un racismo inverso, que celebra la autenticidad exótica del Otro balcano, como la idea de que los serbios, en contraste con los europeos occidentales, anémicos inhibidos, todavía muestran un deseo prodigioso por la vida. El ‘racismo inverso’ juega un papel crucial en el éxito de las películas de Emir Kusturica en Occidente.


Al ser una parte de Europa, se pueden aplicar a los países balcanos los clichés racistas, que nadie osaría aplicar a África o Asia. Las luchas políticas en la región balcana se comparan con argumentos de opereta; Ceausescu fue presentado como la reencarnación actual del Conde Drácula. Eslovenia sufre especialmente de este racismo indirecto, al estar más cerca de Europa occidental. Cuando Kusturica hablando de su película "Underground" desmereció a los eslovenos como una nación de novios austríacos, nadie reaccionó, un artista ‘auténtico’ de la parte menos desarrollada de la ex-Yugoslavia estaba atacando la parte más desarrollada. Cuando habla sobre la región balcana, el multiculturalista tolerante puede manifestar su racismo reprimido. Quizás el ejemplo más revelador de esta reflexivización de nuestras vidas es la creciente ineficacia de la interpretación. El psicoanálisis tradicional asumía la idea del inconsciente como el ‘continente oscuro’, la sustancia impenetrable del ser de un sujeto, que el analista podía interpretar, una nueva revelación liberadora emergería cuando se revelaba su contenido. Hoy en día, las formaciones del inconsciente (desde los sueños hasta los síntomas histéricos) han perdido su inocencia; las ‘asociaciones libres’ de un paciente típico educado, consisten en su mayoría en tratar de dar una explicación psicoanalítico a de sus propios disturbios, por eso no hay solamente interpretaciones de los síntomas annafreudianos, jungianos, kleinianos y lacanianos sino aún síntomas que son por sí mismos annafreudianos, jungianos, kleinianos, lacanianos—no existen sin referencia a alguna teoría psicoanalítica. El resultado desafortunado de esta reflexivización es que la interpretación que el analista ofrece pierde su eficacia simbólica y deja el síntoma intacto en su goce idiota. O sea, como si un "cabeza rapada" neo-nazi al ser interrogado sobre su comportamiento empezara a hablar como un asistente social, un sociólogo, o psicólogo social, citando la decreciente movilidad social, la creciente inseguridad, la desintegración de la autoridad paterna, la falta de amor maternal en su niñez.


‘Cuando escucho la palabra cultura, echo mano a mi pistola’ se supone que dijo Goebbels. ‘Cuando escucho la palabra cultura, echo mano a mi libreta de cheques’, dice el cínico productor de la película de Godard "Le mepris." Un lema izquierdista invierte el refrán de Goebbels: "Cuando escucho la palabra pistola, trato de buscar cultura." La cultura, según ese lema, puede servir como una respuesta eficaz contra las armas de fuego: una irrupción de violencia es un ‘pasaje al acto’ originado en la ignorancia del sujeto. Pero la noción es socavada por el ascenso de lo que se podría llamar el ‘racismo posmoderno,’ cuya característica sorprendente es su insensibilidad para la reflexión—un "cabeza rapada" neo-nazi que golpea a los negros es consciente de lo que hace, pero lo hace de todas maneras.


La reflexivización ha transformado la estructura del dominio social. Consideren la imagen pública de Bill Gates. Gates no es padre-amo-patriarca, ni aún un empresario Big Brother que encabeza un rígido imperio burocrático, y que está en el último piso cercado por una multitud de asistentes y secretarios. Al contrario, es una especie de Small Brother. Su misma apariencia ordinaria es un indicador de que un monstruo tan raro ya no asume la habitual forma pública. En fotos y dibujos, parece uno cualquiera, pero su sonrisa desviada muestra una maldad escondida que está más allá de la representación. Otro aspecto de Gates como ícono, es el de verlo como un "hacker" que se hizo a sí mismo (el término "hacker" tiene, por supuesto, connotaciones suvbersivas/marginales/anti-establishment; sugiere a alguien que propone perturbar el aceitado funcionamiento de las grandes corporaciones burocráticas). Al nivel de la fantasía, Gates es un insignificante maleante subversivo que se ha apoderado y se hace pasar por un director respetable. En Bill Gates, el Small Brother, el tipo ordinario coincide con y contiene la figura de un malvado que quiere el poder total sobre nuestras vidas. En las primeras películas de James Bond, el genio malvado era un sujeto excéntrico, vestido extravagantemente o alternativamente vestido con el uniforme gris de un comisario maoísta. Con respeto a Gates, esta charada ridícula ya no se necesita—al malvado todo el mundo puede verlo, es el de la casa de al lado.


Otro aspecto de este proceso es, cómo ha cambiado la narrativa que usamos para entender nuestras vidas. En el libro ‘Los hombres son de martes, Las mujeres de venus’ (1992), John Gray propuso una versión vulgarizada del psicoanálisis narrativo-desconstructivista. Mientras que nosotros somos últimamente los cuentos que nos contamos a nosotros mismos sobre nosotros mismos, el conflicto psíquico queda bloqueado sin resolver pero se lo ‘reinscribe’ positivamente’ en la narrativa de nuestro pasado. Lo que él tiene en mente, no es solamente la terapia tradicional cognoscitiva de cambiar las ‘falsas creencias’ negativas de una persona con respeto a sí mismo, en favor de la seguridad de que los otros nos quieren y somos capaces de logros creativos, sino de un procedimiento más radical pseudo-fruediano de regresar a la escena de la herida traumática primordial. Gray acepta la noción psicoanalítica de que una experiencia de la primera infancia siempre afecta el desarrollo del sujeto, pero le atribuye un nuevo aspecto patológico. Lo que se propone es que, después de regresar a la escena traumática primordial y haberla confrontado, el sujeto debería, bajo la supervisión de un terapeuta, reinscribir esa escena, este último marco fantasmático de su subjetividad, como parte de una narrativa más benigna y productiva. Si por ejemplo, la escena primordial traumática que existe en su inconsciente, deformando e impidiendo su actitud creativa, es de que su padre le grita: "Tú no vales nada, te odio, nada bueno va a salir de ti ", la persona debe reinscribir la escena para que un padre benevolente le sonría y le diga: " Tú eres bueno, tengo completa confianza en ti." (Por eso, la solución para el hombre-lobo sería regresar al coito de los padres a tergo y entonces refundir la escena, a fin de lograr que él vea a sus padres acostados en la cama, mientras el padre leía un periódico y su madre una novela sentimental.) Parece una cosa ridícula de hacer, pero hay una versión generalmente aceptada y ‘políticamente correcta’ de este proceso en el cual las minorías—étnicas, sexuales, y otras—escriben de nuevo su pasado de un modo más positivo y autoafirmativo (algunos afroamericanos claman que los imperios africanos tenían sofisticados conocimientos científicos y tecnológicos mucho antes de la Edad Moderna Europea).


Imaginen una nueva escritura del Decálogo con el mismo criterio. ¿Es demasiado severo uno de los mandamientos? pues, regresemos al Monte del Sinaí para escribirlo de nuevo: el adulterio—¡aprobado! puesto que es sincero y sirve a los fines de proveer a la autorealización. Lo que desaparece no es un hecho concreto sino lo real de un encuentro traumático cuyo papel organizador en la economía psíquica del sujeto resiste a su reinscripción simbólica.


En nuestra sociedad, pos-política y liberalmente permisiva, los derechos humanos se pueden ver como el derecho a violar los mandamientos. El derecho a la privacidad es, en efecto, el derecho de cometer adulterio, en secreto, sin que nadie observe o investigue. El derecho de perseguir la felicidad y de poseer propiedad privada es, en efecto, el derecho de robar (explotar a otros). La libertad de prensa y expresión: el derecho a mentir. El derecho que permite a los ciudadanos libres poseer armas: el derecho a matar. La libertad de creencias religiosas—el derecho de adorar a dioses falsos. Los derechos humanos, por supuesto, no condonan directamente la violación de los mandamientos, sino conservan una "zona gris" marginal que esta afuera del alcance del poder religioso o secular. En esta zona sombría, puedo violar los mandamientos, y si el Poder me sorprende "in fragranti" y trata de impedir mi acto violatorio, puedo exclamar: ‘¡Es una violación contra mis fundamentales derechos humanos!’ Es imposible que el Poder impida un abuso de los derechos humanos, y que al mismo tiempo esté infringiendo su correcta aplicación. A Lacan le llama la atención la resistencia que se hace al uso del detector de mentiras en la investigación de crímenes—como si tal directa verificación ‘objetiva’ de alguna manera infringiera el derecho del sujeto a la privacidad de sus pensamientos.


Una tensión similar entre los derechos y las prohibiciones determinan la seducción heterosexual en nuestros tiempos "políticamente correctos". O, en otras palabras, no hay ninguna seducción que no se pueda interpretar eventualmente como intrusión u hostigamiento, porque siempre habrá un punto en el que la persona tendrá que exponerse y echarse un lance. Sin embargo, la seducción no implica hostigamiento completamente. Cuando tu haces avances sexuales, te expones al Otro (a la pareja potencial), y su reacción determinará si lo que acabas de hacer fue hostigamiento o un acto exitoso de seducción. Es imposible predecir la reacción de la mujer (por eso, las mujeres agresivas a menudo desprecian a los hombres débiles, que tienen miedo de correr los riesgos necesarios). Esto implica aún más en nuestros tiempos ‘políticalmente correctos’, las ‘políticamente correctas’ prohibiciones, son reglas que de una u otra manera, deben ser violadas en el proceso de seducción. ¿No es el arte de seducir lograr la seducción, de tal manera que después, al ser aceptado, toda sugerencia de hostigamiento haya desaparecido? Aunque el psicoanálisis es una de las víctimas de la reflexivización, también nos puede ayudar a entender sus implicaciones. No lamenta la desintegración de la vieja estabilidad o ubica en su desaparición la causa de las neurosis modernas, compeliéndonos a redescubrir nuestras raíces en la sabiduría tradicional o en un más profundo autoconocimiento. Tampoco es esto otra versión moderna del conocimiento reflexivo que nos enseña a manejar los secretos de nuestras vidas psíquicas. Lo que concierne propiamente al psicoanálisis son las inesperadas consecuencias de la desintegración de las estructuras que han regulado tradicionalmente la vida libidinal. ¿Porqué la declinación de la autoridad paterna y los papeles establecidos de sexo y género generan nuevas culpas y ansiedades, en vez de abrir un nuevo mundo seguro en el que podamos disfrutar cambiando y reformando nuestras múltiples identidades?


La constelación pos-moderna en la que el sujeto está proclive a experimentar con su vida, esto lo alienta a la formación de nuevos tipos de ‘vinculaciones pasionales’ (usando el término de Judith Butler), pero ¿qué ocurre si la desintegración de la autoridad simbólica paterna es contrapesada por una sujeción aún más fuerte? Esto parecería explicar la creciente prevalencia de una estricta y severamente observada relación de amo-esclavo entre parejas lesbianas. La que da las ordenes es la de arriba, la que le obedece es la de abajo y para que la posición de arriba sea obtenida, se requiere un arduo aprendizaje. Esa dualidad de arriba/abajo no es un señal de identificación directa con el agresor varón ni una imitación paródica de las relaciones partriarcales de dominación. Mejor aún, esto expresa la genuina paradoja de una relación de coexistencia libremente elegida de amo-esclavo, que provee una profunda satisfacción libidinal.


Todo está trastornado. El orden público ya no está mantenido por la jerarquía, la represión y reglas estrictas y por eso ya no es subvertido por actos liberadores de transgresión (como cuando nos reímos a espaldas del profesor). En vez de eso, tenemos relaciones sociales entre individuos libres e iguales, suplementadas por’ vinculaciones pasionales’ una forma extrema de sumisión, que funciona como el ‘secreto perverso’, el origen transgresivo de la satisfacción libidinal. En una sociedad permisiva, la rígidamente codificada y autoritaria relación amo-esclavo se convierte en transgresora. Esta paradoja o reverso es justo el tema del psicoanálisis: el psicoanálisis no trata del padre autoritario que prohíbe el goce, sino trata del padre obsceno que lo manda, y por eso produce impotencia y frigidez. El inconsciente no es secreta resistencia a la ley, sino la ley misma. La respuesta psicoanalítica a la ‘sociedad de riesgo’, teoría de la reflexivización de nuestras vidas no es insistir en una sustancia pre-reflexiva: el inconsciente, sino sugerir que la teoría impide otro modo de reflexividad.


Para el psicoanálisis, la perversión de la economía libidinal humana es lo que sigue a la prohibición de alguna actividad placentera, no a una vida con estricta obediencia a la ley y privada de todo disfrute sino una vida en la que el practicar la ley provee su propio disfrute, una vida en la que el cumplimiento del ritual destinado a tener a raya a la tentación ilícita se convierte en el origen de la satisfacción libidinal.


La vida marcial, por ejemplo, podría ser gobernada tanto por una colección de obscenas reglas no escritas y ritos (golpizas homoeróticas y humillaciones a compañeros más jóvenes) como por reglas oficiales. Esta violenta sexualidad no socava el orden en los cuarteles, su función es un directo soporte libidinal. Los mecanismos regulatorios del poder y sus procedimientos se convierten en ‘reflexivamente’ erotizados, aunque la represión primero emerge como una tentativa para regular cualquier deseo considerado ‘ilícito’ para el predominante orden socio-simbólico, éste solo puede sobrevivir en la economía psíquica si la regulación del deseo existe, si la verdadera actividad de regulación se convierte en inversión libidinal y deviene una fuente de satisfacción libidinal.


Esta reflexivización deteriora la noción del sujeto pos–moderno libre de elegir y reformar su identidad. El concepto psicoanalítico que denomina el corto-circuito entre la represión y lo que se reprime es: superyó. Como Lacan enfatizó una y otra vez el principal contenido del mandato del superyó es: ¡Goza! Un padre trabaja duro para organizar una excursión de domingo que se posterga una y otra vez. Cuando finalmente se lleva a cabo, está harto de todo y les grita a los chicos: ¡Ahora mejor que se diviertan! El superyó trabaja de una manera diferente a la ley simbólica. La figura paterna que es simplemente ‘represiva’; a modo de autoridad simbólica les dice a los chicos: ‘Tienen que ir al cumpleaños de la abuela y portarse bien aunque se aburran a muerte, no me importa lo que quieran, tienen que ir’. La figura del superyó, en contraste, le dice a los chicos: ‘Aunque saben cuánto la abuela quiere verlos, sólo tienen que ir si realmente quieren, si no quieren ir, se pueden quedar en casa’. La trampa que realiza el superyó es que parece que le ofrece a los chicos una elección, cuando cualquier chico sabe que no se le ha dado ninguna elección, en absoluto. Peor que eso, está recibiendo una orden y se lo dicen con una sonrisa al mismo tiempo. No solamente: ‘Tú debes visitar a tu abuela, no importa lo que quieras ’. Pero: ‘Tú debes visitar a tu abuela y tienes que estar contento por eso’


El superyó ordena gozar haciendo lo que tienes que hacer. ¿Qué pasa después de todo si el chico toma esto como si fuera una verdadera elección y dice: ‘no’? El padre lo va a hacer sentir horriblemente mal: ‘¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo puedes ser tan cruel? ¿Qué hizo tu abuela para que no quieras verla?
‘Tú puedes cumplir con tu deber porque debes’, es como Kant formuló el imperativo categórico.


El habitual corolario negativo de la fórmula sirve como fundamento de la moral constrictiva: ‘No puedes porque no debes". El argumento para aquellos que se oponen a la clonación humana por ejemplo es, que no se puede permitir, porque reduciría al ser humano a una entidad cuyas propiedades psíquicas se podrían manipular. Que es otra variación de Wittgenstein: ‘de lo que no se puede hablar se debe callar’. En otras palabras: debemos decir lo que no podemos hacer, de otra manera podríamos llegar a hacerlo, con catastróficas consecuencias éticas. Si los cristianos que se oponen a la clonación creen en la inmortalidad del alma y en la unicidad de la personalidad por ejemplo: -‘que yo no soy sólo el resultado de la interacción de mi código genético y mi entorno’ - ¿porqué oponerse a la clonación? ¿Es posible que de hecho ellos crean en la habilidad de los genes de alcanzar el verdadero meollo de nuestra personalidad? ¿Por qué algunos cristianos se oponen a la clonación hablando sobre ‘el insondable misterio de la concepción’ como si al clonar mi cuerpo estuviera clonando al mismo tiempo mi alma inmortal?


El superyó invierte el principio Kantiano: ‘Tú puedes porque tú debes’ tornándolo en: ‘Tú debes porque tú puedes’. Este es el significado del Viagra, que promete restaurar la capacidad de erección viril, de un modo biomecánico, dejando de lado todos los problemas psicológicos. Ahora que Viagra se hace cargo de la erección no hay excusa: debes tener sexo cada vez que puedas y si no lo haces deberías sentirte culpable. Nuevo envejecimiento. Por otro lado ofrece una salida al predicamento del superyó clamando recuperar la espontaneidad de nuestro verdadero ‘sí mismo’.


Pero la ‘sabiduría’ de la New Age también cree en el imperativo del superyó: ‘Es tú deber alcanzar tu completa realización, porque tú puedes’. Será por esto que a veces sentimos el lenguaje de liberación de la New Age, como ‘terrorista’? Aunque la sumisión entre una relación lesbiana sado-masoquista y la sumisión de un individuo a una creencia fundamentalista religiosa o étnica son ambas generadas por la reflexivización, sus economías libidinales son bien distintas. La relación lesbiana de amo-esclavo tiene un estatuto teatral basado en un contrato y en reglas que han sido aceptadas libremente. Como resultado, tienen una potencia liberadora tremenda. En contraste, una devoción fundamentalista étnica o religiosa niega toda posibilidad de disensión. No es que los sado-masoquistas sean solamente sometidos juguetones mientras que en la comunidad política ‘totalitaria’ la sumisión es real.


Si hay algo opuesto, este es el caso: en el contrato sado-masoquista, la actuación es verdadera y es tomada absolutamente en serio, mientras que la sumisión totalitaria, con su máscara de fanática devoción, es finalmente falsa, una simulación de lo contrario.


Lo que revela el fraude es el enlace entre la figura del Amo totalitario y el mandato del superyó: ‘¡Goza!’ Una buena ilustración de como opera el Amo totalitario es suplido por la inscripción en el rótulo de un salame alemán sin grasa. ‘Du darfst!’, es decir:—‘¡Tu puedes!’.


Los nuevos fundamentalismos no son una reacción contra la ansiedad que produce la libertad excesiva que acompaña al reciente capitalismo liberal, ellos no proveen de enérgicas prohibiciones en una sociedad inundada por la permisividad. El cliché de ‘escapar a la libertad’ dentro de un refugio totalitario, es profundamente engañoso. Tampoco lo explica la clásica tesis Freudo-Marxista según la cual la fundación libidinal de los regímenes (fascistas) totalitarios es la personalidad autoritaria, alguien que encuentre la satisfacción en la obediencia compulsiva. Aunque, en la superficie, el Amo totalitario también da ordenes estrictas que nos compelen a renunciar al placer y sacrificarnos por alguna causa superior, su mandato efectivo discernible entre líneas, es una llamada a una irreprimible transgresión. Lejos de imponer en nosotros una firme colección de estándares para la conformidad, el amo totalitario suspende el castigo (moral). Su mandato secreto es: ¡Tú puedes! Nos dice que las prohibiciones que regulan la vida social y garantizan un mínimo de decencia no tienen valor, no son más que un mecanismo para tener a la gente común a raya—nosotros, por otra parte, somos libres de liberarnos, matar, violar, robar, pero solamente mientras sigamos al Amo. (La Escuela de Frankfurt destaca este rasgo distintivo del totalitarismo en su teoría de la desublimación represiva.) La obediencia al amo te deja transgredir todas las reglas cotidianas morales: todas las cosas perversas con que soñabas, todo a lo que tuviste que renunciar cuando te subordinaste a la ley tradicional, patriarcal, simbólica, ahora te es permitido entregarte a ella sin riesgo de castigo, igual que puedes comer el salame desgrasado, sin ningún riesgo para tu salud.
La misma remarcada suspensión de las prohibiciones morales es característica del nacionalismo pos-moderno. El cliché de acuerdo al cual en una confusa, secular, sociedad global, la identificación con la pasión étnica restaura un firme conjunto de valores, el fundamentalismo nacionalista funciona como un pobremente encubierto: ‘tú puedes’. Nuestra pos-moderna sociedad reflexiva que parece hedonista y permisiva está realmente saturada con reglas y regulaciones que pretenden servir a nuestro bienestar (restricciones sobre el fumar, el comer, reglas contra el hostigamiento sexual).


Una apasionada identificación étnica lejos de refrenarnos, es una llamada liberadora de ‘tú puedes’: tú puedes violar (no el decálogo, sino) las reglas estrictas de la coexistencia pacífica en una sociedad liberal y tolerante; puedes comer y beber lo que quieras, decir cosas prohibidas para la "corrección política", aún odiar, pelear, matar y violar. Es ofreciendo este tipo de pseudo-liberación, que el superyó suplementa la estructura explícita de la simbólica ley social.


La aparente oposición entre placer y deber es superada de dos modos diferentes. El poder totalitario va aún más allá que el tradicional poder autoritario. Lo que dice, en efecto, no es, ‘cumple tu deber, a mí no me importa si te gusta o no,’ sino: ‘Tienes que cumplir con tu deber, y tienes que gozar haciéndolo.’ (Ese es el modo en que la democracia totalitaria funciona: no basta que la gente siga a su líder, deben amarlo.) El deber deviene placer. Segundo, está la paradoja invertida del placer convertido en deber, en una sociedad ‘permisiva’. Los sujetos experimentan la necesidad de ‘pasarla bien’, de gozar, como si fuera un deber y por consiguiente, se sienten culpables si no lo hacen, si no la ‘pasan bien’. El superyó controla la zona en que estos dos contrarios se superponen, donde el mandato de gozar cumpliendo tu deber coincide con el deber de gozarlo.



Un Buda, un hamster y los fetiches de la ideología por Slavoj Zizek





Hoy una especie de sabiduría agnóstica, oriental, de la nueva era, o usualmente alguna clase de falso Taoísmo o Budismo se está convirtiendo en la forma predominante de ideología. ¿Cómo funciona este Budismo? ¿Por qué es la ideología ideal para el capitalismo tardío?

El mensaje fundamental [de esta nueva corriente] es "no persigas el éxito material, no participes en el juego social por entero, hacélo con distancia." Ustedes saben como son usualmente los posters de propaganda de los cursos budistas. Hay un primer párrafo anticapitalista: "No te dejes atrapar en esta lucha por lo material, retírate a la paz, etc., etc.". Pero el segundo párrafo siempre es "de esta manera vas a ser aún más exitoso en los negocios".

La visión es que el funcionamiento de nuestra vida capitalista de todos los días es tan frenética, tan alocada, que para sobrevivir necesitaás tomarlo como si fuera un juego, no un compromiso real, porque si estás demasiado comprometido te volvés loco. Creo que el funcionamiento de la ideología es, en este punto, fetichista. ¿Qué significa el fetichismo en este contexto? Los fetichistas no son idiotas, son realistas. Un fetichista es alguien que, aferrándose a su fetiche, puede soportar la realidad tal como es.

Déjenme contarles una historia, que es real, le sucedió a un amigo mío recientemente, cómo hizo para sobrevivir a la muerte de su esposa. Fue la trágica historia frecuente, él estaba felizmente casado, la esposa fue al doctor, de pronto le dijeron "tenés cáncer de mamas" y murió en tres meses. Pero la gran sorpresa para sus amigos fue descubrir cómo después de la muerte de su esposa, este tipo podía hablar bastante fría, normalmente, aún de los más dolorosos momentos de la muerte de su esposa. No teníamos que simular, que evitar el tema traumático... era absolutamente normal, él podía hablar sobre todo. Entonces nos preguntamos, "¿Pero este tipo es un monstruo o qué? ¿Cómo puede tratar tan fríamente la muerte de su esposa?".

Pronto descubrimos el secreto. Es tan simple y ridículo que sólo porque es verdad puedo contarlo seriamente y creerlo. Nos dimos cuenta que siempre que hablaba de su mujer, de los momentos más dolorosos de su muerte, él jugaba en su regazo, con sus manos, con un pequeño hámster, la mascota de su mujer; y que este hámster era su fetiche. Funcionaba como una especie de negación simbólica de lo que estaba diciendo. Él era capaz de admitir racionalmente la muerte de su esposa, pero con el hámster bloqueaba la verdad contenida en su aceptación de esta muerte. Ustedes se preguntarán si esto es una especie de análisis salvaje muy primitivo, y cómo podemos saber que realmente esto era así. Desafortunadamente tengo la prueba, como saben los hámsters viven por muy poco tiempo: medio año después de la muerte del hámster, el tipo se quebró y debió ser hospitalizado por un intento de suicidio.

Así es como creo que sobrevivimos hoy a la realidad capitalista, podemos ser muy realistas, actuar con crueldad, no tener ilusiones sobre la vida social, pero cuando encontramos a alguien que dice "No tengo ninguna ilusión, puedo aceptar la vida tal como es, cruel, sin ideales", háganle una simple pregunta: ¿Dónde está tu hámster?

Mi idea es que este budismo occidental es un hámster gordo y grande. Podés participar completamente en el salvaje juego capitalista mientras tu entrenamiento y tu meditación y demás te dan la ilusión de que esa no es la vida real, sólo estas jugando el juego social, en realidad estás en cualquier otro lado.

Creo que ni siquiera podemos decir que esto es sólo una falsificación occidental, que la verdadera sabiduría oriental es algo totalmente diferente. Recientemente leí un libro maravilloso de un autor llamado Brian Victoria, Zen y guerra, que demuestra que en los 30s y 40s, con la excepción de algunos disidentes, las autoridades budistas zen japonesas apoyaron completamente al militarismo imperial japonés [...] Pero lo interesante es cómo los budistas justificaron al militarismo. Un nivel fue la justificación teleológica usual, que también conocemos en occidente, "a veces tenés que hacer un mal menor por el mayor bien, no deberíamos matar, pero matemos un poquito para prevenir una gran matanza". Pero la legitimación clave fue mucho más interesante y siniestra: la idea era que la obediencia militar absoluta e incondicional, la ejecución inmediata de órdenes, era la vía directa de la mayoría de la gente para conseguir la iluminación espiritual. Porque la idea era que el oro del esclarecimiento budista, la superación del falso "sí mismo" (self), se logra a través de la disciplina militar perfecta, donde uno se convierte en una máquina, sólo ejecuta órdenes, te sobreponés a vos mismo.

Déjenme evitar un malentendido, no estoy diciendo que esto significa que el budismo zen es una falsedad, un falsedad militar secreta. Afirmo que lo mismo puede decirse de los grandes místicos de Europa occidental. Si miran de cerca a muchas de las grandes figuras místicas descubrirán que también eran políticamente activas y extremadamente crueles. Mi conclusión es simplemente que aún el esclarecimiento místico y espiritual más auténtico es éticamente neutral.

No hay nada que nos prevenga de cometer los peores crímenes. Déjenme contarles un extraño hecho que pienso que es aquí profundamente indicativo. ¿Saben cuál era el libro favorito de Himmler, el jefe de la SS de Hitler? Era un libro encuadernado en un cuero especial que llevaba todo el tiempo en su bolsillo: el Bhagavad-Gítá. La idea es que así es como un soldado nazi debe cometer sus asesinatos, con una distancia interior, sin participar en ello.

Ahora, para concluir realmente, pienso que por lo que debemos esforzarnos no es en las [hipocresías religiosas, no las religiones si no su utilización hipócrita]. Necesitamos una lógica diferente de compromiso colectivo, de compromiso ético. ¿Dónde encontramos esto? ¿Cuál es la solución? Me encantaría desarrollarlo, pero me piden que termine. Muchas gracias.